Tema: Cristo, El Cáncer, Nuestras Debilidades y la Gloria de Dios

MENSAJE Nº 0004                    Domingo 12/12/10                   Hora 09:00

Tema: Cristo, El Cáncer, Nuestras Debilidades y la Gloria de Dios


 

INTRODUCCION

Siempre que me entero de que un hermano o hermana en Cristo está padeciendo una enfermedad de las llamadas “incurables”, como el cáncer, le pregunto a Dios ¿por qué Señor? ¿Cuál es el propósito, qué razón habría para que un hijo de Dios tenga que sufrir de esa manera?

Mis suegros, ambos murieron de cáncer, siendo aún jóvenes; el hijo de 19 años de un matrimonio que trabajó muchos años con nosotros en el ministerio de jóvenes, de repente le aparece cáncer en el colon y muere al poco tiempo; hace unas semanas enterramos al hermano Chacho, murió de cáncer.

Mi mamá murió de diabetes incurable; pero también tenemos hermanas fieles que ahora mismo están enfermas de cáncer y la lista es larga. Mi esposa padeció de cáncer, pero fue sanada por Dios; ahora, sin embargo, hace mucho tiempo que sufre de artrosis en ambas rodillas. La pregunta es: ¿Por qué los cristianos también se enferman de estas cosas? ¿Y por qué cuando se enferman muchos no se sanan?

¿Qué debemos decir a estas cosas? Algo tiene que decirse, porque la enfermedad y la muerte son una amenaza a la fe en el amor y el poder de Dios. Como pastor considero mi responsabilidad principal alimentarlos y fortalecer su fe en el amor y el poder de Dios. Y no hay arma como la palabra de Dios para rechazar estas amenazas diabólicas.

Les pido por eso que escuchen cuidadosamente la enseñanza de las Escrituras con respecto a Cristo, el cáncer y el poder de Dios, y el amor de Dios, por encima y en contra de las enfermedades que pueden atacar nuestros cuerpos en esta vida.

¿Es el cáncer un juicio divino sobre algún pecado en particular? ¿El creyente muere de cáncer o de otras enfermedades incurables por falta de fe? ¿Es Satanás quién aflige, a quién quiere, con estas enfermedades y Dios se mantiene simplemente sin hacer nada, mientras su enemigo causa estragos en el cuerpo de sus hijos? (Romanos 8:18-28).

De esta porción de las Escrituras vamos a estudiar la teología de la enfermedad, de donde podemos sacar seis afirmaciones. La primera es la siguiente:

LA EPOCA EN QUE VIVIMOS, QUE SE EXTIENDE DESDE LA CAIDA DEL HOMBRE HASTA LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO, LA CREACION HA SIDO SUJETADA A LA DEPRAVACION Y A LA ESCLAVITUD DE DESTRUCCION, INCLUYENDO NUESTROS CUERPOS.

(V.20-23) ¿Quién es el que sujetó a toda la creación a la depravación y a la esclavitud de destrucción? Fue Dios mismo ¿Pero, por qué? Simplemente para que nuestra esperanza no esté fundamentada en esta vida, sino en la vida eterna, en el cielo ¿Dónde vamos a obtener nuestra completa redención, una vida sin dolor, sin enfermedades y sin muerte? (Apocalipsis 21:4) En el cielo, allí Dios nos espera.

Por lo tanto, este mundo permanece bajo el juicio de Dios, sobre una humanidad rebelde y pecadora. Y ninguno está excluido de la depravación total y de la destrucción, ni siquiera los preciosos hijos de Dios.

Cuando Pablo habla de vanidad y corrupción se refiere a la ruina espiritual y física. Por un lado, el hombre, en su estado perdido está esclavizado a ser malvado, a tomar malas decisiones, a meter la pata, y a una parálisis espiritual. Por otro lado, hay inundaciones, terremotos, volcanes, plagas, epidemias, accidentes, caídas de aviones, asma, alergias, resfriados y el cáncer; todos causando estragos en los cuerpos con dolor, llevando así a todos los hombres de nuevo al polvo.

Mientras estemos en este cuerpo seremos esclavos de la ruina y la destrucción (2Corintios 4:16-18) Así como un buen vestido guardado en un oscuro ropero por un tiempo, se lo comen las polillas y lo arruinan; así nuestros cuerpos, en este mundo perdido, van a ser arruinados de una forma u otra. Esta es la primera afirmación y la segunda es:

HAY UNA EPOCA FUTURA CUANDO TODOS LOS HIJOS DE DIOS QUE HAN RESISTIDO HASTA EL FINAL EN LA FE, SERAN LIBERADOS DE TODA DEPRAVACION Y DESTRUCCION ESPIRITUAL Y FISICAMENTE.

Según el (V.21) la esperanza a la que Dios sujetó a toda la creación, (V.23) recibiremos un cuerpo glorificado, celestial e inmortal. Esto no ha ocurrido todavía, por eso esperamos gimiendo porque llegue ese día (Filipenses 3:20-21); (1Corintios 15:52) y (Apocalipsis 21:4).

Está llegando el día en que todos nuestros amados hermanos que han sufrido de cáncer y otras enfermedades incurables y murieron sin ser sanados se van a levantar junto con todos nosotros para recibir cuerpos nuevos, cuerpos de ángeles y van a recibir al Señor en los aires. Pero todavía no. Todavía no. Gemimos esperando la redención de nuestros cuerpos. Y ese día está llegando.

La tercera afirmación es:

JESUS VINO Y MURIO PARA GANAR NUESTRA REDENCION, ESPIRITUAL Y FISICA, Y PARA DARNOS UN ANTICIPO AQUÍ EN ESTA VIDA.

Quiero que escuches muy bien, porque esta verdad ha sido distorsionada por muchos predicadores curanderos de nuestros días (Isaías 52:5-6) y (1Pedro 2:24). La bendición del perdón y la sanidad física fueron compradas por Cristo cuando murió por nosotros en la cruz. Y todo aquél que le da su vida tendrá ambos beneficios ¿Pero cuándo?

El perdón de nuestros pecados es para ahora en esta vida, pero ¿Cuándo seremos sanados? ¿Cuándo nuestros cuerpos ya no serán más esclavos de la destrucción? El ministerio de Jesús fue un ministerio de sanidad y de perdón (Mateo 11:4-6) ¿Por qué alguien se ofendería del que resucita a los muertos y trae el Reino desde hace tanto tiempo esperado?

Porque Jesús solo resucito a unas tres personas y dejó a cientos en las tumbas ¿Por qué? ¿Por qué sus familiares no tenían suficiente fe? ¡No! Cuando Jesús resucitó al hijo de la viuda de Nain, ella ni siquiera le conocía y no resucitó a su hijo por su fe, todo lo que dice es que “tuvo compasión de ella”.

Entonces ¿Por qué Jesús no tuvo compasión de todos los demás muertos de Israel? ¿Por qué no resucitó a todos los muertos? Porque todas las sanidades y resurrección de muertos que realizó Jesús fueron solamente un anticipo de lo que haría en su segunda venida. En Juan 5, dice que junto al estanque de Betesda yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, pero Jesús sanó solo a uno, y no fue porque ese hombre tuvo fe. Jesús no vino la primera vez para sanar y resucitar a todos.

Jesús vino para demostrarnos que en su reino final sería así, ya no habría llanto ni dolor nunca más. Pero tenemos un anticipo de nuestra redención en esta época. Los beneficios de la cruz pueden ser disfrutados pero en forma limitada ahora, incluyendo la sanidad. Dios puede sanar, y sana a los enfermos ahora, como respuesta a nuestras oraciones, pero no siempre.

Pero los falsos maestros aseguran que Dios quiere vernos a todos sanos y prósperos siempre, y que si todavía está alguno enfermo es por falta de fe. Ellos niegan así la obra purificadora y santificadora de Dios por medio del sufrimiento, y son culpables de forzar en esta época lo que Dios quiere para la próxima.

(Romanos 8:23-24) Por la redención ya nosotros hemos recibido el Espíritu Santo, el primer fruto, pero aún gemimos esperando la redención final de nuestros cuerpos. Eso será realidad solo en la segunda venida de Cristo. El nos dio un anticipo de esa realidad en su primera venida sanando a muchas personas al instante, a otras lentamente, pero a otras nunca. La cuarta afirmación es:

DIOS CONTROLA QUIEN SE ENFERMA Y QUIEN SE RECUPERA Y TODAS SUS DECISIONES SON POR EL BIEN DE SUS HIJOS, AUN SI ALGUNAS SON MUY DOLOROSAS Y POR MUCHO TIEMPO.

Fue Dios quién sujetó a la creación a la depravación, ruina y destrucción y Él es el único que puede libertarla de nuevo (Éxodo 4:11) La verdad es que detrás de toda enfermedad está finalmente la soberana mano de Dios (Deuteronomio 32:39).

¿Pero, y Satanás? ¿No es él, el gran enemigo de todo nuestro ser? ¿No nos ataca moral y físicamente? ¿No fue Satanás quién atormentó a Job? Sí, fue él. Pero Satanás no tiene más poder que el permitido por Dios. Así lo interpretó el escritor de Job (Job 2:7) Y vea el discernimiento de Job (2:9-10). En otras palabras no es pecado reconocer la soberanía de Dios detrás de una enfermedad de la que Satanás pudiera ser el causante.

Satanás puede ser astuto, pero en algunas cosas es tonto, porque fracasa al ver que todos sus intentos para destruirnos, son simplemente convertidos por la providencia de Dios en ocasiones para purificar y fortalecer nuestra fe. Por eso el objetivo primordial de Dios para sus hijos en esta época no es librarlos de la enfermedad y dolor sino purificarnos del pecado y fortalecer nuestra fe.

(Hebreos 12:5-11) La disciplina de Dios también incluye algunas veces el permitir la enfermedad y el dolor para que aprendamos a depender de Él totalmente y a amar su segunda venida.

Todas las aflicciones que llegan a los hijos de Dios, sea a través de la persecución, o la enfermedad, están dirigidas por Dios, para aumentar nuestra santidad (2Corintios 1:9) Si nos enojamos con Dios en nuestra enfermedad, estamos rechazando su amor (Salmo 119:71-75).

Esta es la cuarta afirmación: Dios controla quién se enferma y quién se recupera, y todas sus decisiones son por el bien de sus hijos, aún si es grande el dolor y larga la enfermedad (Romanos 8:28) La quinta afirmación es:

POR TANTO DEBEMOS ORAR PARA QUE DIOS AYUDE EN AMBAS COSAS, A SANAR, O, A FORTALECER LA FE MIENTRAS NO SANEMOS.

Es justo que un hijo le pida a su padre que lo alivie cuando está en problemas y un padre cariñoso le da a su hijo solamente lo que es mejor, aunque a veces eso no le guste al hijo (dentista) Pero si a veces lo mejor para nosotros es no ser sanados ahora ¿Cómo saber qué orar o cómo pedir? ¿Cómo saber cuándo dejar de pedir que nos sane y pedir solamente la gracia para confiar en su bondad?

(2Corintios 12:7-10) Pablo no se parecía en nada a Job cuando recibió un aguijón de Satanás. Oró tres veces para que le quite, pero entonces Dios le dio la seguridad que aunque orase Él no le sanaría. Le dijo en cambio que su gracia sería suficiente para que él siguiera sirviéndole en el sufrimiento.

(Romanos 8:26-27) Pablo encara el mismo problema. A veces todo lo que podemos hacer es gritar por ayuda porque no sabemos cómo orar, ni la forma en que la ayuda va a venir. Allí es donde el Espíritu Santo toma nuestros gemidos y los transforma conforme a la voluntad de Dios. Sexta afirmación:

DEBEMOS SIEMPRE CONFIAR EN EL AMOR Y EL PODER DE DIOS AUN EN LOS PEORES SUFRIMIENTOS

Lo que más me molesta de aquellos que dicen que los cristianos siempre deben ser sanados milagrosamente, es que dan la impresión de que la fe solo puede ser aceptada cuando ocurre una sanidad física. Lo que nunca dicen y está en la Biblia es que la verdadera fe se forja en la confianza y el gozo que mantenemos en Dios a través del sufrimiento.

El gran capítulo de la Biblia sobre la fe es Hebreos 11, que comienza en el (V.1) Y este es uno de los más torcidos y malinterpretados por muchos predicadores. Miremos los (V.33-35) Ahora si dejamos de leer aquí, tendríamos un concepto de la fe totalmente distorsionado, porque suena como si la fe siempre se relaciona con victorias y éxitos terrenales.

Pero aquí ocurre un cambio y encontramos que la fe es también el poder para perder nuestra vida (V.36-40) La gloria de Dios se manifiesta cuando Él sana, pero también cuando su gracia le da un dulce espíritu de esperanza y paz a la persona que Él no sana, por eso ¡También es un milagro, el soportar las aflicciones, hasta que venga la sanidad, o no venga, con el poder de Dios!

Si somos un pueblo humilde y clamamos a Dios en nuestra necesidad confiando en su promesa, el Espíritu Santo nos ayudará y Dios bendecirá a nuestra iglesia con toda bendición posible. Esa es la teología sobre la enfermedad.

Primero: Toda la creación, incluido nuestros cuerpos físicos fueron sujetados a corrupción y ruina.

Segundo: Viene el tiempo en que todo aquél que ha soportado hasta el final en la fe será librado de todo dolor y enfermedad.

Tercero: Cristo vino y murió para ganar nuestra redención, espiritual y física y darnos un anticipo ahora.

Cuarto: Dios controla quién se enferma y quién se recupera, y todas sus decisiones son para el bien de sus hijos, aún si son dolorosas.

Quinto: Debemos orar a Dios por ambas cosas, para sanar y/o para fortalecer nuestra fe mientras no seamos sanados.

Sexto: Debemos siempre confiar en el poder y el amor de Dios aún en el peor de nuestros sufrimientos.

Algunos de ustedes tal vez van a enfermar gravemente, quizás hasta de cáncer, pero van a ser sanados milagrosamente por el poder de Dios. Pero algunos quizás lleguen también a enfermarse con alguna enfermedad, que va a durar mucho tiempo para sanarse, y se sanarán, por el poder de Dios.

Pero habrá algunos, tal vez muy pocos, cuyos cuerpos serán afligidos por una enfermedad, de la que nunca se sanarán ¿Quiénes serán? Solo Dios sabe. La pregunta es ¿Qué vas a hacer si te toca a ti? Déjame decirte que si un día llegas a sufrir una enfermedad terminal, debes saber que Dios te ha escogido para que veas su gloria como muy pocos aquí en la tierra.


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