Tema: El Precio de Seguir a Cristo

MENSAJE Nº 0016      Domingo 30/01/11   Hora 09:00 – 17:00

Tema: El Precio de Seguir a Cristo



INTRODUCCION

¿Cuál ha sido el precio más alto que usted ha tenido que pagar en esta vida por algo que consideraba de mucho valor? ¿Qué tuvo que sacrificar para obtener lo que más quería? ¿Su tiempo, su dinero, su familia, su salud, sus amistades, su comodidad? A veces lograr una meta, alcanzar un objetivo soñado, tiene un alto precio para muchas personas.

La mayoría entiende eso: “No sabes lo que me costó terminar mi carrera”; “Sufrí muchísimo para llegar al éxito en mi profesión”; “Tuve que sacrificar todo, hasta mis metas personales y mi salud, por ayudar a que mis hijos sean lo que hoy son”; “Perdí todo para recuperar la salud de mi esposa”. En esta vida todo tiene un precio, y algunas cosas tienen un costo muy elevado.

Y lo que más nos ha costado, es lo que más valoramos. Así también le damos muy poco valor a lo que nos ha costado poco o nada ¿Cuánto te ha costado tu vida? Nada, por eso para muchos la vida no vale nada ¿Y tu familia cuánto te ha costado? Casi nada, por eso la mayoría no la valora. Valoramos más nuestra casa, nuestros bienes, nuestro prestigio, por lo que nos ha costado.

¿Cuánto ha costado tu salvación? A vos, nada, por eso son pocos los que la valoran como debe ser. Pero a Cristo le costó todo (Filipenses 2:5-7) Cristo renunció a ser Dios, a su dignidad, a su posición en el cielo y se hizo como un hombre mortal; aún se rebajó más y se hizo siervo de los hombres.

(V.8) Pero todavía se humilló más, volviéndose como un despreciable criminal que terminó en la muerte más denigrante y horrible que un hombre pudiera sufrir: la muerte de cruz. Todo lo hizo por amor, porque valoró más nuestra salvación que su propia vida. Cristo pagó el precio más alto (Mateo 6:24).

1. ¿QUE ES LO QUE SIGNIFICA SER DISCIPULO DE CRISTO?

Es negarse a sí mismo ¿Cómo es negarse a sí mismo? Es decir NO en todos los momentos de la vida al yo y si a Dios. Negarse a sí mismo es de una vez y para siempre destronar tu yo y entronizar a Dios. Negarse a sí mismo quiere decir borrar el yo como principio dominante de tu vida y hacer que Dios sea la pasión que domine toda tu vida. Una vida de constante negación del yo es la vida de un discípulo de verdad. Pero muchos maestros enseñan todo lo contrario “a amarse a sí mismos”.

Cuanto más obedeces la palabra de Dios, más te vas a negar a ti mismo “Yo no quiero perdonar a mi enemigo, pero qué quiere Dios”; “Le maltraté a mi empleado y tengo que pedirle perdón, pero eso es muy humillante para mí, no quiero, pero la Biblia dice que debo hacerlo”; “Por fin tengo dinero para comprarme la ropa que tanto quería, pero justo mi hermano en Cristo perdió su trabajo y está pasando mal, su necesidad es más importante que la ropa que quiero” Eso es negarse a sí mismo.

Negarse a sí mismo es poner por encima de tu deseo la voluntad de Dios, considerando la necesidad de tu prójimo tan importante como tu necesidad (Filipenses 2:3-4) Ese fue el mismo sentir de Cristo (V.5) Puso nuestra necesidad por encima de su propia necesidad y murió para darnos salvación.

Es tomar nuestra cruz ¿Qué quiso decir Jesús cuando dijo: “Toma tu cruz y sígueme”? Vamos a empezar por lo que no quiso decir. Muchas personas creen que la cruz es una carga que deben llevar toda su vida: Mi esposa/o, mi enfermedad, mi suegra. Pero eso no fue lo que quiso dar a entender Jesús cuando dijo: “Toma tu cruz y sígueme”.

Cuando Jesús llevó su cruz hasta el Gólgota para ser crucificado, nadie pensaba en la cruz como símbolo de llevar una carga. Para una persona en el primer siglo, la cruz significaba solo una cosa: la muerte de la manera más dolorosa y humillante que un ser humano podía sufrir.

Dos mil años después, los cristianos ven la cruz como un símbolo precioso de la expiación, el perdón, la gracia y el amor. Pero en tiempos de Jesús, la cruz representaba la muerte más horrible. Debido a que los romanos forzaban a criminales condenados a cargar con su propia cruz hasta el lugar de la crucifixión, llevar una cruz significaba cargar con el instrumento de su ejecución, mientras se enfrentaba a las burlas y maldiciones en el camino de su muerte (Gálatas 3:13).

Por lo tanto, “Toma tu cruz y sígueme” significa estar dispuesto a morir para seguir a Jesús. Esto se llama “morir a sí mismo” Es un llamado a la entrega absoluta. Cada vez que Jesús mandó a llevar la cruz, dijo (Mateo 16:25-26) El llamado parece duro, pero la recompensa es inigualable.

2. LA CRUZ SEPARA A LOS VERDADEROS CREYENTES DE LOS FALSOS

Dondequiera que Jesús iba, atraía a miles de personas. A pesar de que esas multitudes lo siguieron a menudo como el Mesías, otras veces le seguían solo por el pan y los milagros. Otros creían que Él les libraría de la opresión de los romanos. Incluso sus propios discípulos pensaban que el reino sería muy pronto (Lucas 19:11) Muchos de los que siguen a Jesús hoy no son muy diferentes (ejemplos).

Pero cuando Jesús comenzó a enseñar que El iba a morir a manos de los líderes judíos y sus gobernantes romanos, su popularidad se vino abajo y muchos de sus seguidores sorprendidos lo rechazaron (Mateo 16:21-22) En verdad, no fueron capaces de hacer morir sus propias ideas, planes y deseos, y cambiarlos por los de Él. La iglesia de hoy está llena de gente egoísta ¿por qué vienes?

Seguir a Jesús es fácil cuando la vida se vive sin problemas. Pero nuestro verdadero compromiso con El se pone de manifiesto durante las pruebas. Jesús aseguró que las pruebas vendrán a sus seguidores (Juan 16:33) El discipulado exige sacrificio y Jesús nunca ocultó su costo. Pero hoy se enseña que Jesús murió en la cruz para hacernos fácil la vida y para cumplir todos nuestros sueños.

(Lucas 9:57-61) Estas tres personas parecían dispuestas a seguir a Jesús, pero cuando Él les dijo el precio vio que su compromiso era solo a medias. No querían pagar el costo de seguirle. Ninguno estaba dispuesto a negarse a sí mismo y tomar su cruz crucificando sus propios intereses egoístas.

(V.62) Jesús no les rogó ¡Qué diferente de cómo se presenta hoy el Evangelio! ¿Cuántas personas responderían a un llamado al altar que diga: “Venid en pos de Jesús, y es posible que pierdan muchos amigos, a familiares, su reputación, su carrera, e incluso su vida”? El número de falsos convertidos probablemente disminuiría. Este llamado significa: “Toma tu cruz y sígueme”.

3. ANTES DE TOMAR LA CRUZ DE CRISTO DEBERIAS CONSIDERAR ESTAS PREGUNTAS

¿Estás dispuesto a seguir a Jesús aún si eso significa perder a tus amigos más cercanos?
¿Estás dispuesto a seguir a Jesús aún si eso significa el rechazo total de tu familia?
¿Estás dispuesto a seguir a Jesús aún si eso significa la pérdida de tu reputación?
¿Está dispuesto a seguir a Jesús aún si eso significa perder tu trabajo?
¿Está dispuesto a seguir a Jesús aún si eso significa perder tu vida?

Seguir a Jesús no significa necesariamente que todas estas cosas te van a pasar, pero sí tienes que responder ¿estás dispuesto a tomar tu cruz? Si llega un momento en tu vida en la que te enfrentes a una elección: Jesús o las comodidades de la vida ¿Qué vas a elegir? “Otro día Jesús, hoy no”.

El compromiso con Cristo significa tomar tu cruz cada día, abandonando tus esperanzas, sueños, posesiones, e incluso tu propia vida si llega a ser necesario por la causa de Cristo. Sólo así, si voluntariamente tomas tu cruz puedes ser llamado su discípulo (Lucas 14:27).

La recompensa es muy grande y vale la pena pagar el precio (Marcos 10:28-30) Jesús siguió Su llamado de morir a Sí mismo (Marcos 14:33-36) Si verdaderamente deseas ser discípulo/a de Jesús este es el precio (Marcos 8:34-38).

Lucas añade con intuición divina una palabra a este mandamiento de Jesús: “Que cargue con su cruz diariamente” Lo que realmente importa no son los grandes momentos de sacrificio, sino la vida que se vive en forma consciente de las demandas de Dios y de las necesidades de los demás. Por eso, la vida cristiana es una vida sacrificial.

Debe seguir a Jesucristo. Es decir, debe rendirle a Él una obediencia total. La vida cristiana es un constante seguir a nuestro Líder, una obediencia constante en pensamiento, palabra y obras, a Jesucristo ¿A quién estás siguiendo? ¿A un líder humano o al único Líder que existe?


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